La ética estudia "la conducta moral del ser humano así como los fundamentos del sentido de su existencia" (Castaño, 2009). A nivel ético, nos preguntamos qué normas morales seguir y por qué; luego, a nivel moral, decidimos si seguirlas o no. En todo caso, media la interpretación, las justificaciones de los gustos, aversiones e intereses personales y grupales.
Y, finalmente, si me convenzo de que mi ética es digna de un vulcano, que la razón ha prevalecido, entonces mis juicios morales son universales, virtuosos, etc., y:
- Puedo esperar de los demás que al final la acepten (mi visión es la correcta, los demás son prejuiciosos e intolerantes si no la aceptan).
- Nadie me puede reclamar ni juzgar por mis juicios morales, porque mi ética es correcta. Y si alguien osa hacerlo, es por su estrechez de miras.
En el diálogo parece haber más cordura, pero abandonando la idea de hallar valores universales ciento por ciento objetivos. Somos humanos, no somos objetivos. Nuestra percepción de la realidad es siempre una interpretación subjetiva. Tratar de definir nuestras normas morales es por ensayo y error, totalmente parcial, particular y subjetivo.
Me recuerda lo que dice Jeremías 10:23: "Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso" (Traducción del Nuevo Mundo, 1987).
No hay comentarios:
Publicar un comentario