El término "teleológica" viene del griego télos (τέλος, "fin", "objetivo" o "propósito"), e indica el sentido de que lo que determina qué es bueno o malo es si encaja con el fin, objetivo o propósito de la humanidad.
Según Aristóteles, ese fin es la búsqueda de la felicidad, de tener un 'buen espíritu' o 'buena divinidad' (esta corriente se denomina eudemonismo, de eu- "bueno" y daimón "espíritu, divinidad"; también se asocia al término eudaimonía "felicidad"), mediante la contemplación: el ejercicio de las actividades intelectuales.
El resto de las actividades, con sus motivaciones distintas, inciden también en la felicidad, por lo cual recomendaba la prudencia como una virtud necesaria para escoger y realizar estas otras actividades humanas. Según él, consiste en ser moderado buscando el término medio entre los extremos (exceso y deficiencia).
Otros, como los hedonistas (vg. Epicuro), ven en el placer o el gozo, el fin máximo del ser humano. "Debes buscar el placer y rechazar el dolor".
Epicuro distingue tres tipos de deseos:
- Naturales y necesarios. "El que vive conforme a la naturaleza es siempre rico".
- Naturales y no necesarios. Nacen del deseo de variar y deben ser moderados por la prudencia.
- No naturales ni necesarios. "Nacen de las opiniones de los insensatos que no se satisfacen con lo que tienen y se afligen con lo que no tienen"
En el utilitarismo (Bentham, Mill), se busca ese fin pero no individualmente sino para toda la sociedad. De manera que lo que se debe considerar para evaluar un acto son las consecuencias que tendrá en la felicidad humana.
Yo me pregunto: ¿Es el fin simplemente una búsqueda de bienestar, o existe más bien un principio que sirva para determinar la moral y la felicidad es solo una deseada consecuencia de obrar bien? ¿Es posible que lo que el ser humano vea como extremo sea en realidad algo natural y necesario? ¿Se puede dar el caso en el que una decisión afecte a la sociedad y, sin embargo, sea la correcta?
Esto, en realidad, es algo que es difícil de tragar: que la moral es subjetiva y personal, y la ética es objetiva y universal; porque cuando veo las diferentes teorías de la ética, hallo que son apreciaciones subjetivas todas; que ya sea la definición de un fin máximo (ética teleológica), o de los deberes (ética deontológica), y más aún en la ética dialógica, toda aproximación es subjetiva, parcial y particular.
La ética estudia "la conducta moral del ser humano así como los fundamentos del sentido de su existencia" (Castaño, 2009). A nivel ético, nos preguntamos qué normas morales seguir y por qué; luego, a nivel moral, decidimos si seguirlas o no. En todo caso, media la interpretación, las justificaciones de los gustos, aversiones e intereses personales y grupales.
Y, finalmente, si me convenzo de que mi ética es digna de un vulcano, que la razón ha prevalecido, entonces mis juicios morales son universales, virtuosos, etc., y:
- Puedo esperar de los demás que al final la acepten (mi visión es la correcta, los demás son prejuiciosos e intolerantes si no la aceptan).
- Nadie me puede reclamar ni juzgar por mis juicios morales, porque mi ética es correcta. Y si alguien osa hacerlo, es por su estrechez de miras.
En el diálogo parece haber más cordura, pero abandonando la idea de hallar valores universales ciento por ciento objetivos. Somos humanos, no somos objetivos. Nuestra percepción de la realidad es siempre una interpretación subjetiva. Tratar de definir nuestras normas morales es por ensayo y error, totalmente parcial, particular y subjetivo.
Me recuerda lo que dice Jeremías 10:23: "Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso" (Traducción del Nuevo Mundo, 1987).