En primer lugar, me llama la atención lo que resalta García cuando afirma que no son necesarios los consensos de expertos en ética, sino "con mayor participación de todos los afectados, sensible también a las diferencias y a las identidades" (García, D. J. (2011) La deliberación moral en bioética. Interdisciplinariedad, pluralidad, especialización. Ideas y Valores, LX/147, 25-50. Bogotá).
De otra parte, Cortina nos hace reflexionar en "que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual" y remata diciendo que "generar enemigos es suicida" (Cortina, A. (2013) ¿Para qué sirve la ética? Espasa Libros S.L.U., Barcelona).
De tal manera, se me ocurre que un trabajo pedagógico donde habitantes de diferentes zonas del municipio, de diversas edades, género, etc., se reúnan a deliberar sobre la importancia de cooperar y dejar atrás las rivalidades sin sentido, puede ser una forma de contrarrestar la intolerancia en La Cumbre.
Se podrían puntualizar dilemas éticos, que llamen la atención de la comunidad, pero luego presentarlos como una "problemática", como diría Gracia, en donde el objetivo no sea la resolución del dilema sino la deliberación.
Creo que es en ese trabajo común, donde todos buscan supuestamente resolver el problema, donde se puede aprender a valorar al otro y derribar sigilosamente las barreras de la intolerancia que nos dividen. Eso, si se influye un poco para que no se formen grupos regionales, por género, edad, etc.
De manera que crear ese espacio común, donde se delibere sobre cuestiones éticas, puede ser un mecanismo contra el problema de la intolerancia.